Fuente: Telegeograph
Cuando hablamos de internet solemos referirnos exclusivamente a su contenido, lo que vemos, su espíritu, unos y ceros con máscaras de colores. Pero no es sólo eso, también lo son sus metros, su menos conocido esqueleto.
Su radiografía nos muestra kilómetros y kilómetros de cable submarino que recorren el planeta. Una tela de araña en la que los datos que pulsa nuestro vecino pueden recorrer varios continentes antes de pasar por tu cable.
Para instalarlo en las costas, debido al gran calado del barco cablero, se requiere acceder mediante un barco de menor porte. Se colocan boyas para arrastrar un cable guía hasta la playa, luego se tiende el cable y se deja caer. Acto seguido los buzos lo entierran. Para una mayor protección en el acceso a la playa, el cable lleva una cubierta adicional de acero.
Posteriormente, el cable depositado en la bodega del barco cablero se tiende en el lecho oceánico mediante un "trineo" (arado robotizado). En los inicios, para regular la tensión del cable, un hombre se sentaba sobre él, el resto es una cuestión de tacto; actualmente se hace por ordenador, con una precisión milimétrica.
Los cables de fibra óptica de tercera generación pueden alcanzar 5.3 Gb/s (Gigabytes por segundo), lo equivalente a 60.000 conversaciones telefónicas simultáneas, es decir, 20.000 veces más que un cable coaxial (los que hicieron posible las llamadas internacionales); aunque está previsto que en 2012 se termine de instalar el cable SJC, que unirá Japón y Singapur (de 8.300 km de longitud) a una velocidad de transmisión de 17 Tb/s (1 Tb = 1024 Gb) expandible hasta 23 Tb/s. Su financiación está liderada por Google.
Pese a todo, los cables deben enfrentarse a numerosos peligros, los principales son las anclas y la pesca de arrastre. Si un cable se corta puede afectar a 75 millones de usuarios, incluso relentizar las conexiones a niveles continentales.
Por Francisco Fernández.


18:31
Fran
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